Mostrando entradas con la etiqueta Prosa Poética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prosa Poética. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de marzo de 2012

Castillos de Arena...

Ayer me encontré con su hermosa pero triste mirada. Me pregunté si podía hacer algo para hacerla feliz. Y bueno, me lancé sin paracaídas y luchando contra todo por llegar a ella. Logré vencer el miedo y los miles obstáculos que surgieron de imprevisto. Desde aquel día no dejé de pensar en ella. Pasaron así las mañanas y tardes, y un día le dije todo lo que llevaba dentro, y lo que me profesaban sus ojos tristes. Me dijo que ella pertenecía a otro, pero no su corazón, que desde el primer día que hablamos sintió como le había robado todos sus sueños e ilusiones.

Me pidió tiempo. Su aroma me quedó impregnado y la magia de sus palabras aún me envuelve en las mañanas. Muchas veces la imagino a mi lado, con su rostro sobre mi pecho, tan cerca con su olor a almendras. Y tan lejana como la tristeza que llevan sus ojos.

Cuando recuerdo su mirada y sus frases llenas de la simplicidad con la que ha sido tratada, yo entiendo que llora porque es prisionera en un mundo de incomprensiones, donde aparentemente tiene todo, pero donde ella solo existe sin existir, es oída sin ser escuchada y ese mundo es el reflejo de algo que no quiere y de lo que no es fácil desprenderse, porque es su mundo y no hay nada ni nadie más donde sostenerse. Amar no es fácil me dijo, que él la amó, pero fue cambiando poco a poco, y ella no dio se cuenta. Se pregunta ¿cómo él puede ser la misma persona a quien ella entregó sus besos más puros?

Me sostiene hoy en pie la esperanza de sentir su cuerpo junto al mío, sin caricias, ni promesas inciertas. No hacen falta cuando se ama con libertad, sin restricciones, sin esperar nada a cambio, sólo tener tiempo para amar y ser amado. Su sola voz me alegra el alma.

Tal vez en una noche de euforia un día en que brillen las estrellas más que hoy, se prenda a mi piel y empiece de nuevo a confiar en un amor que no revele sus secretos más íntimos. Que no cuestione su corazón creyendo ser juez, ni se aproveche de sus sentimientos. Manipular no es bueno, lo sabemos todos, pero quien lo vive es quien lo sufre. Hay Princesas en Castillos de Arena, que se desploman de un momento a otro siendo su mundo un corazón deshecho.

No todos saben amar, amar se aprende amando sin egoísmos, ni condiciones, teniendo nuestro espacio para dejar de hacerlo sin temor a reproches cuando así lo queramos. El amor llega solo, y solo se va, sin pensamientos preconcebidos.

Me enamoré de ella desde el primer día que escuché su voz de niña triste y confundida, desde aquella primera vez, pero también sé que quizás jamás pueda sentir sus labios rozando los míos, ni el fuego de sus pechos entre mis labios. Aún recuerdo sus suaves palabras diciendo: "sólo seré para ti" con un eco que se pierde entre la soledad de esta distancia que nos abruma.

Ella sigue tan altiva como cuando él la conoció...pero con un poco más de experiencia en su Castillo de Arena que se desploma poco a poco...

Hay, murallas más grandes que las de la heroica que se interponen a su romance. Inevitables vientos la alejan del ser que ama. Ella dice: "Que lo esperará siempre", y él aún duerme soñando "Que la tiene entre sus brazos".

martes, 13 de marzo de 2012

Fuimos Parte de lo Absurdo...

Fuimos parte de lo absurdo...
ella pensó que yo era un beso incierto
yo pensé que ella era un regalo de Dios...

Nos equivocamos los dos
yo al pensar que ella me quería
y ella al creer que yo no podría olvidarla...

Cruzamos el puente
sin darnos cuenta que se quemó a nuestro paso
ella me recordará a lo lejos
yo olvidaré el olor de sus pechos...

Ella se mirará en el espejo
y me imaginará sonriendo a su lado
mirándola y diciéndole frases de amor...

Yo dejaré de pronunciar
las letras de su nombre y a pensarla en voz alta
ya el tren se nos pasó
ella no quiso subir y yo no quise bajar...

Se nos agotó el reloj de arena
la diplomacia esquiva hoy nuestras frases
juró en vano esperarme por siempre
mientras hoy rompí sus cartas y las eché al olvido...

Atrás se nos quedaron sueños vacíos
nuestras ilusiones ya no brillan en sus ojos
mientras nacen otras
hay sentimientos distintos en su alma
y en la mía resuenan sus palabras imborrables...

Estuvimos vagando perdidos en el tiempo
hoy solo somos lo que la vida quiso
ella con sus omisiones tomó un camino
distinto al que sus palabras me habían mostrado...

Fuimos parte de lo absurdo
ella pensó que yo era un beso incierto
yo pensé que ella era un regalo de Dios...

sábado, 3 de diciembre de 2011

Tu Aroma de Fruta Fresca...

Al levantarme me he despertado con tu imagen clavada en mis sentidos, y en mis pensamientos divagas de un lado para otro como si mi vida fuera tuya. No sé si eso es bueno o malo, tan solo que me brindas una rara sensación.

En estos momentos quisiera rozar tu piel con los sueños de mi vida mientras duermes, y cumplir los tuyos totalmente cabalgando en ilusiones, pero es utópico decir esto, sin saber lo que deseas. Sería hermoso apagar tus dudas, y no ser una mera expectativa, sino la realidad que te envuelve. Querría decirte tantas cosas, pero prefiero que las descubra el tiempo. Que al imaginar mis ojos, que se hacen más lejanos con esta distancia que nos perturba largamente, entiendas lo que muchas veces mi silencio te deja. Tus miradas de águila orgullosa son el reflejo de una mujer indómita que no deja de ser en realidad hoy la princesa que se roba mis sueños.

El amor llega, y no nos damos cuenta ¿cómo, ni cuándo, ni por qué? Las ilusiones nos envuelven y el corazón se acelera. Pensamos más de la cuenta en quien se va metiendo en nuestra mente de forma intrépida y nos domina el alma sin más condición que amar. Nos nacen los deseos enormes de estar con ella de forma distinta a la que creímos sentir. Y sin saber por qué en corto tiempo se pueden sentir muchas cosas juntas. No me gusta tu silencio, ni esa frialdad que te hace implacable. Te adoro cuando llegas a mi lo lado sin escudos, ni barreras, y me haces sentir ese ser que desea cumplir tus ilusiones, y no el que osa profanar tu corazón.

Me gustaría respirar tu aroma de fruta fresca y con mis besos apasionados y locos entregarte el alma entera. Abrazarte con las ganas que me sobran y contarte mis secretos al oído. Reírme junto a tu silueta mirando tus ojos de felina, y evitando ese carácter de muralla que sin querer te marca. Ceñirme a tus pechos de manzana, y degustar los placeres de tu boca, porque con tus miradas de fuego y labios de carmín les das color y calor a mis sueños.

Quiero que sepas que me transportas a otra época, y vuelvo a saborear la dulzura de unos tiempos que creí perdidos…Tú…Princesita de mi vida…mañana no sé que nos depare el destino…tan solo que hoy incursionas en mi vida...y me haces feliz...

lunes, 1 de agosto de 2011

Las Paradojas de la Vida

Las paradojas de la vida te dejan a veces noticias con las cuales te quedas perplejo. Jamás me quiso contar el porqué de su cambio tan repentino conmigo y esa ausencia tan larga entre nosotros que terminó por acabar lo nuestro. Más de diez años tuvieron que pasar para que un día cualquiera se le diera por romper el hielo que se había formado entre los dos y volverme a hablar. Pero las alas del tiempo también habían creado un océano de dudas entre nosotros que por el desconocimiento de circunstancias era imposible obviar.

Quedé sin palabras con lo que me estaba contando. No podía creer que existieran personas con intenciones tan gratuitas y perversas que por los motivos que fuesen, con mentiras tan agudas separaran a dos seres que se amaban tan profundamente. No hay vueltas de hoja cuando por razones del tiempo se quiere volver. El reloj no marcha hacía a tras y eso es evidente. El trago que se toma en esos momentos es más amargo que cualquier trago amargo que tomemos en otras circunstancias. Solo lo sabe quien lo toma y no los demás por mucho que traten de ponerse en su lugar. Es como si se te desboronaran de las manos los sueños de tantos años en segundos, pero era así. Y así estábamos los dos tratando de pensar sin pensar, buscando culpables de la nada, porque en realidad era eso. Ya no importaba quien había sido, para que, no se puede tornar al principio con saberlo. Muchas veces cuando el daño esta hecho solo hay que seguir, aceptando cosas que no hubiésemos aceptado en otras condiciones. Pecamos, si, pero por el arduo silencio que nos consumió.

Ella allá, yo acá, en polos opuestos sin ser nosotros polos opuestos, ni los culpables de nada, solo las victimas de la inicuidad de otros. Era la misma vida que por ser tan injusta como lo es algunas veces, por no decir que en la mayoría de veces, nos había separado de esa forma tan cruel. El peso de la experiencia también tiene su parte en este asunto. Éramos tan jóvenes entonces sin la madurez de estos años que nos han enseñado más que mil libros abiertos. Y auque ella me dice que no se aprende de los errores, sino de los triunfos, es su punto de vista y de quien se la ha explicado de forma tan habilidosa que lo ha creído, pero yo sostengo que si, porque este error nos ha enseñado a los dos que algunas veces hay que hacerles frente a nuestros temores de tal forma que ellos nos teman a nosotros. Ella y yo bien sabemos que aquí no hay triunfos…solo errores y resignación para poder continuar sin dolor. La maldad de quien osó separarnos y lo logró, cumplió su objetivo. No obstante, hoy nuestros días son otros y sus ojos nuevamente han empezado a alumbrar mis noches como lunas encandecentes de amor.

La veo como ayer, pero en mi hoy, este presente es lo que tenemos y nos queda por vivir. Ya no hay tantas preguntas burdas, ni cuestionamientos innecesarios en esta historia. Esto es lo que es, y mis sentimientos por ella los mismos de siempre. No se cambia algunas veces porque queramos, sino porque toca, y ella y yo no cambiamos nuestra historia por querer, nos tocó hacerlo siguiendo el cauce que nos marcó la misma vida. Se unen otra vez nuestros caminos, sin seres hostiles a nuestro alrededor. Ya no quiero nada de heridas, ni sufrimientos vanos. El camino pondría ser más oscuro sin ella. Con sus palabras es más dulce seguir soñando…

Ya no me importa ese pasado sin ella, solo el presente que nos une, y las esperanzas que nos brinda el futuro…

viernes, 29 de abril de 2011

Un tiempo En Que Se Fue Niño



Ayer 28 de Abril de 2011 se fue mi Abuela Vicenta Paternina de ésta vida, pero...


Hablar de mi abuela Vicenta, es recordar un tiempo en que se fue niño, en que corríamos y jugábamos en nuestra infancia aquéllos “mis primos queridos del alma”, provenientes de su segunda generación.

Al recordarla me veo rodeado de felicidad. Si alguien mirara mis ojos ahora, notara la alegría de aquellos años en mi vida, cuando subíamos en vacaciones las gradas de la Finca Monte Claro, en busca de palabras cálidas, esas que siempre brotaban con espontaneidad de sus tiernos labios con sabias frases.

Tres generaciones desprendidas ejemplarmente de una familia matriarcal, un tronco que jamás difuminó. Hijos, nietos y bisnietos la recordamos con semblante sereno, y hablar plausible, producto de una ardua vida llena de desasosiegos que la llenaron de sabiduría y tolerancia en busca de mejores horizontes.

Me hubiese gustado regalarte unas últimas sonrisas, y "los cuentos de mi vida", agarrarte de la mano y sonreír contigo, preguntarte una vez más ¿Por qué me cuidabas tanto?, ¿Por qué viviste la vida siendo una vereda para otros?, ¿Por qué sabías las respuestas de casi todas las cosas que los demás desconocíamos?, y por aquellos secretos que se fueron contigo y me quedé con ganas de saber...

Olores de otros tiempos me llegan desde lejos con tu ausencia, recuerdos constantes se cruzan en mi memoria sin frenos, aún así bien sabemos que no te has ido para siempre, pervivirás en el corazón de quienes te quisieron, y también de quienes a pesar de las distancias, circunstancias u otros motivos no pudimos estar contigo en este último adiós de tu vida.

Abuela Vicenta Paternina. (Q.P.D.)

“Los seres queridos jamás fenecen, y sus recuerdos perdurarán por siempre en la memoria y corazón de quienes los quisieron”.

Saulo Enrique Ospino Pereira.

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Quién Puede Entonces Decir Que Miento?



Escribirte es una sensación que me alivia, pero no de ningún dolor, sino de las palabras que quieren salir corriendo cuando llevo varios días sin hacerlo. Ellas vuelan como pétalos al aire. Van ligeras de equipaje, y sonríen al verte. Cuando te escribo eres su destino y no se sacian de mirarte. Sé que no puedo hacerlo, pero ellas te contemplan desde su mutismo, y son felices en segundo plano.

Bajábamos las escaleras de caracol, igual que las subíamos. Mientras subíamos mis manos se deslizaban entre su falda y rastreaba sus piernas suaves. Ella reía. A mi se me aceleraba el corazón. Ya en lo más alto divisábamos el mundo. La ajustaba hacia mí, y suspirábamos hasta el final. Así fueron aquellas noches. Ella rondaba los veinte años. Yo le arrebaté miles de sueños. Ella me clavó sus miradas en el corazón. Moriré queriéndola.

Me gusta escribirte, aunque también es cierto que no respondes en muchas ocasiones, es más, casi nunca lo haces, a lo mejor olvidaste el protocolo de la correspondencia. El de responder los mensajes, las cartas, los e-mail. Pero eso no me importa, porque si escribo es porque me gusta hacerlo, y contar cosas que quiero decir. No para que me respondan. No es realmente lo que busco. Escribir es un arte, no por lo bien que se haga, sino por el placer que genera en quien lo hace. Por la libertad que se siente al hacerlo.

En el parque centenario estuve un día acostado sobre una banca con una de las chicas más hermosas que me entregó sus besos, mi cabeza descansaba sobre sus piernas y con sus dedos acariciaba mi cabello, pero sus miradas yacían pérdidas, pensando en otro amor. Jamás me lo dijo. No hace falta decir muchas cosas que el corazón descubre. En ese tiempo yo coleccionaba amores como trofeos, así que tampoco me importaba mucho, mientras me siguiera haciendo feliz. Sé que ella sufría el despecho de otros labios distintos a los míos. Pero las esferas del amor son indescifrables muchas veces. En una fiesta donde estuvimos ella fue el centro de atracción contorneando sus caderas en mis manos, mientras enredaba sus brazos sobre mi cuello. Vestida con su flamante vestido blanco apaciguó mi pasión ardiente aquel día. La verdad es que su febril entusiasmo discrepaba con lo que cargaba dentro. Sus pecas en el rostro eran las penas que guardaba. Sus lunares en la espalda el mar de sus dudas.

Cuando me siento a escribir, no sé que voy a decir, no es nada premeditado, y mis dedos empiezan a pulsar las teclas de mi ordenador, no como antes, que escribía con mi bolígrafo todo lo que quería, y aún guardo cada uno de los miles de escritos que he realizado. Ninguno ha quedado huérfano de mí, los conservo todos, aún aquel que escribí en las hojas secas de un árbol. Los que están con borrones y tachones son la esencia de los que paso a limpio. Son los verdaderos escritos, y guardan la sustancia, la originalidad, lo natural. Después los voy puliendo, pero sé que fueron dejando en el camino parte de lo que fueron, como también lo he hecho yo.

Caminar a su lado fue grato, claro está, hasta que quiso. Ya habrá un nuevo día en que el sol vuelva a alumbrar para nosotros. Lo cierto es que yo no podía entregarle lo que ella quería, ella no podía darme lo que yo anhelaba. Muchas veces hay límites que no se pueden obviar. La distancia no es distancia si no se respetan los límites, pero si lo hacemos no hay nada que hacer. Me pregunto cómo ser feliz sin querer. Es como un barco a la deriva que se amarra a cualquier puerto. Callar para no llorar. Reír para olvidar. Otro amor, otra esperanza. Una mentira que te aleje los fantasmas que quedaban de mí. Diecisiete años tenías entonces. Sin experiencia se quiere más. No hay temores ni miedos, todo es bello entonces. Hoy hay grietas en tu rostro, hay recuerdos en mi alma.

Hoy te he vuelto a escribir, imaginando una sonrisa amplia en tus labios al recibir mis letras. Y te cuento que me duele la espalda, quizás por el estrés del trabajo, y que estuve estudiando hasta largas horas de la mañana, y aún no he dormido, pues el trabajo es una obligación perpetua, cuando uno se aleja de la adolescencia. La niñez ya está lejos. Mi niño hoy está dormido. Que ingenuos seguimos siendo aún con el paso de los años. Por lo menos yo soy así. Recuerdo la paloma que retraté en el parque de la ciudadela, es un parque hermoso, y muy amplio en Barcelona. Se encuentra en una parte céntrica de esta ciudad condal, muy cerca del Arco del Triunfo, parecido al parisino, es como una homonimia. Si, también hay muchas que se parecen a ti, pero no me hacen sudar el corazón. ¿Cuántas veces llega el amor?

Siempre te cuento mis cosas, historias cargadas de aventuras disueltas en pasado sin gloria. Pero es mi vida y debo contarla. Es la obligación de alguien que escribe todo lo que vive como yo lo he vivido, y sentido. Y llorado, y querido. Sé que pocos han querido como yo fielmente a todos mis amores infieles, e infielmente a todos mis amores fieles. No sé necesita nada más, simplemente reconocerlo, para evitar la cobardía de querer ser perfecto en un mundo de imperfecciones, o querer ser un ejemplo para nadie. Si mañana me contemplo en un espejo, quiero verme yo, y no a alguien que no he sido, ni que me imaginen distinto al que realmente fui. ¿A que nos gusta contemplar el mundo con sus estrellas? También las noches esconden secretos como yo. Es fácil descubrir al escritor si lees sus cosas. ¿Quién puede entonces decir que miento?

viernes, 28 de enero de 2011

¿Y Ahora Qué?


Hace tiempo que no sabía de ti…me pregunto cómo lo has pasado todo este tiempo en que dejamos de saber el uno del otro. Si miramos bien, hoy los años han superado el doble, aquéllos que teníamos cuando nos conocimos. Me pregunto si aún conservas esa risa caprichosa de niña consentida, mirada frágil con ojitos aguileños, y el olor a almendras de tu cuerpo juvenil.

Te cuento que he perdido a mi gran amigo, no sé si sabes de quien te hablo. A lo mejor el no fue tan amigo mío como un día creí, se dieron circunstancias que nos alejaron, o mejor dicho, lo alejaron poco a poco de la lealtad. Un día cualquiera me dijo que yo había cambiado, que ya no era el mismo, “y quien no ha cambiado después de ir viendo como se nos escapa la vida en cada suspiro, de saborear el olvido muchas veces, de creer cosas que jamás fueron o pasaron, o seguir creyendo para nada…”, todo eso me pregunté aquél día en mi interior…nuestra amistad pensé que sería eterna, pero no fue así. A veces me duele pensar en eso, porque no siempre las cosas suceden como queremos, pues crecimos juntos y fuimos felices a nuestra medida. Sabíamos tanto el uno del otro que pienso que es imposible que quedara solo en el camino. Todo eso ya pasó…pero todo eso aún vive en mí.

Estás comprando leche y pan, después te toca ir a la carnicería. Pero antes de todo nos pegamos la escapadita. Pocas veces lo hicimos. Nos encontramos en la misma esquina oscura casi frente de la iglesia, y nos escondemos entre nuestros propios besos. Te abrazo como nunca y suspiro tus suspiros, tu aliento húmedo que me contagia. Nos miramos tan cerca tantas veces, y tan lejos hoy estamos. El tiempo corre de prisa, y transforma algunos recuerdos, por eso decido escribirlos para no olvidarlos con los años. Para no olvidarte entre la ausencia. Para sentirte en la distancia. El manto de las noches nos sacude el polvo de lo que fuimos, es más fácil extrañar en la ausencia que acompañado, aunque a veces aún estando en compañía, estamos más solos e incomprendidos que nunca. Olfateo algunas cosas que me huelen a ti y percibo viejos tiempos. El tiempo no existe dicen, pero quien me lo explica entonces. A quien preguntarle sobre lo que jamás logró entender, eso que sólo se siente en cada uno, y no vivió. Eso que se vive una sola vez de varias formas.

Ahora estoy en el estadio. Juego un partido importante. Hay una falta fuera del área a nuestro favor, yo me pongo en línea con la barrera para romper el fuera de juego. Le gano la espalda a los defensas y me adelanto cuando el balón sale de las botas de mi compañero, la pelota va cayendo como en días de lluvia sus gotas, la veo en cámara lenta el portero trata de salir y se queda en mitad del camino, el balón viene en el aire sobre el área chica lado izquierdo, la portería me queda en diagonal a mi derecha, y con un sutil toque con la parte externa de mi pie elevo la pelota por encima del portero y no sé de qué forma hace una parábola cayendo dentro de la portería. Me siento campeón, somos campeones. Hay gritos de dicha y satisfacción. Aún hoy me pregunto cómo hice aquél gol que me cambió la vida. Después de ese día me suspendieron por cinco años del fútbol, y aunque después de seis meses me retiraron la sanción, ya nada fue como antes en mi vida. Cosas que pasan, en mi mejor momento tuve que dejar lo que más quería y pisotearon mi orgullo, como me pasó muchas veces también en el amor. La vida es así para algunos más que para otros. En ese momento me tocó a mí, y lo cargo como una pena. Sólo lo entiende a quien le pasa. Otros tratan de comprender pero no es lo mismo. Hay circunstancias en cada situación que hacen que las cosas sean distintas en cada uno. Cada persona es distinta en situaciones iguales.

Te recuerdo en patines en las calles oscuras de nuestro barrio. Diciembre es un buen mes. Me encantan sus brisas y las calles adornadas con sus luces, pero eso es ahora, antes seguían oscuras. En un diciembre te conocí. Pasé por delante de tu casa con una camisa morada y un pantalón negro. Tú me miraste con tus ojos de gata, y te robaste mi alma entonces. Te recuerdo bien. Tenías un cuerpo de guitarra para no olvidar y el cabello te acariciaba los hombros de forma tenue. Un racimo de uvas eran tus labios. Pétalos tus manos que recorrieron mi rostro tantas veces. Tus miradas me mataban y grabé tus ojos para siempre.

He visitado otros lugares hermosos, distintos a aquel donde nací, pero sin historias exóticas ni bellas plantas salvajes con colores vivos, más que los rayos del sol que queman la vista, y dejan nublado los ojos por un instante, viendo escarchas o rayitos en el cielo, esos que brillan, y vienen y se van como luciérnagas, como lo haces tú en mi vida. He visto esos lugares, y transitado calles peatonales con adoquines distintos a las largas y estrechas callejuelas de mi Cartagena de Indias. He tomado café y comido polvorones, cosa que no me ha gustado, no saben a lo que imaginé. He visto parejas agarradas de la mano luciendo nuevos sueños, como los que un día desee vivir contigo. En los ojos se les ve la dicha, y el cabello les brilla como luceros.

Las ramblas son un gran trayecto para caminar, repletas de sus artistas polifacéticos te muestran otros mundos, con sus disfraces y haciendo peripecias suelen distraerte por un momento sustrayéndote de esta realidad loca que nos envuelve. Los pasos me llevan directo al mar, el mar me gusta, es más, sin el no puedo vivir. Cuando siento su oleaje me siento vivo. Sentirse vivo es sentir los latidos de tu corazón más cerca de mi respiración, y eso me gusta, los oyes, los sientes, y miras a tu alrededor contemplando la grandeza de lo que muchos no lograron ver. En verdad somos privilegiados por tener esta gran oportunidad de pasear libremente por calles distintas a las de nuestro mundo, tú en el tuyo y yo en el mío prestado como dices, y respirar aires nuevos que nos envuelven el alma poco a poco.

Recuerdo aquel primer beso de tus labios. El beso en el sofá, las manos agarradas, tu sonrisa de niña impávida. A lo mejor lo has olvidado, pero yo no. Es un misterio que se repite, pero es de todos el beso que no logro olvidar. Es una circunstancia viva de un hecho imperecedero. Una vez leí que es imposible olvidar el primer beso que se da, porque se graba en el subconsciente y permanece en nuestra memoria por toda la vida. No sé si es cierto, pero lo llevo como un tatuaje dentro de mí, y no te concibo olvidar. “Leí alguna vez que “Quien dice que la ausencia causa olvido, merece ser de todos olvidado, porque el verdadero y fiel enamorado está aún más cuando está ausente el ser querido.”

Tengo doce años y aterrizo en otra etapa de mi vida. Estoy izando la bandera de mi colegio como otras tantas veces, ya no sé cuantas lo he hecho. Tengo todas las medallas de buen estudiante guardadas en el viejo baúl de mis recuerdos, las miro y las cuento. No quiero que me den más, mis compañeros se ponen tristes porque a ellos no les dan, y yo también me pongo triste porque siempre me las dan a mí. No es justo pienso ahora, pero antes no sabía de eso, de ese sentimiento negativo de no querer algo. Prefiero ser mejor persona que buen alumno. Las personas cambian como dijo mi amigo. Yo prefiero ser bueno, y no verlos tristes. Pero también es mejor verlos tristes que no verlos más, por lo menos los puedes consolar. Prefiero no cambiar para mal. Tener amigos es mejor que estar solo. Una gran amistad da alas al alma.

Te cuento que nuestro barrio no es el mismo, y las calles frente a tu casa están en muy mal estado. Antes no me importaba porque estabas tú, pero el año en que fui y las vi sin tu presencia, noté que se ven más simples y opacas, lo cierto es que ya nada es lo mismo por allá. Yo tampoco lo soy, es de suponer, pero cargo la nostalgia de siempre. La que me dejaste cuando marchaste. Es raro, pero lo que no ha cambiado es tu orgullo, porque si hay algo que sé es que aún sigue siendo fuerte como el roble. Hay que saber que con el paso de los años el orgullo se marchita como la piel y queda débil, las cosas entonces se verán más llanas y los recuerdos llegarán cargados de la nostalgia de tantas cosas mal hechas. Es mejor recordar lo bueno, la alegría da vida, y la vida es todo.

Ahora estoy en la primera casa donde viví, bueno, eso pienso, porque es la primera que recuerdo, la primera donde me veo…estoy muy pequeño. El patio está separado de las otras casas con tablas, son listones de madera de diferente ancho y altura, se llaman cercas. Somos muy pobres, y Eduardo les da comida a los perros como siempre. Los ojos se me aguan ahora que escribo esto, porque él ya no está con nosotros, pero sigue conmigo aunque los demás no lo vean. Jamás me ha dejado. En realidad él es más niño que yo, siempre lo fue. Siempre rió y soñó más, aún siendo viejo lo hacía a carcajadas. Dicen que en ese barrio vive gente muy mala, y es verdad, pero estamos acostumbrados a vivir así. Sobrevivir cada día es normal en la pobreza, te acostumbras a tener objetivos cada día y querer dejarla, las metas te hacen seguir adelante. Si no conoces otra cosa mejor, no hay entonces con qué comparar. No vale la pena hacerlo, para qué serviría entonces. Es mi vida, es lo que fui, es lo que soy. Jamás renegaré de donde vengo. Es una parte de mi existencia. Es el orgullo de mi vida. Mi futuro es otro.

Ahora me respondes, es muy raro recibir noticias tuyas después de tanto tiempo, cuando casi no las esperaba, pero eres así, así eres tú, así somos los dos. Agua y aceite, que cuando quieren mezclarse siempre hay algo que los separa. No es mi culpa, no es la tuya, la vida marca sus roles. No hay entonces golpes de suerte. La suerte está echada. Es mejor respirar que sufrir. Es mejor caminar que pararse. Es mejor aceptar que resistirse, de nada sirve y el camino aún es largo. La vida aún nos dará sueños con otros colores, y canciones con nuevas melodías galardonarán nuestros oídos. No se remiendan los sueños rotos. Vienes y vas, como esas olas del mar de las que un día hablamos. Así eres tú, así soy yo. Una vieja historia sin un final.

Como llueve hoy. Y me toca bajar la cuesta. Debo tener cuidado, de lo contrario puedo caerme, y ya no estoy para tantos trotes. Dicen que los huesos a más edad soldán menos, no sé si es cierto, pero no quiero comprobarlo. Soy joven, pero mis huesos no. Hace mucho frío, más que el qué pensé. Me pongo los guantes y la bufanda, los gorros no me gustan así que lo dejo en casa. Siento como el frío quema mi piel, prefiero el calor de mi tierra aunque sude más. Eso no me importa si soy feliz. La felicidad está en cualquier parte, pero no viaja en maletas, va en ti, sólo tú debes encontrarla en tus adentros, en muchas cosas que dejas pasar por alto, dándole importancia a las efímeras. La gente malhumorada no me gusta, me descarga. A veces yo soy así, y no me gusta, pero lo soy. No quiero descargar a nadie. Dicen que somos como baterías, y si andas con gente alegre, eres alegre, y si andas con gente amargada, eres también así. Sé que debo reír más, pero me tomo la vida demasiado en serio la mayoría de veces, y no aprecio muchas cosas buenas de la vida. Creo que soy pura teoría, y en práctica tengo un cero. Prometo cambiar, pero también lo he prometido ya muchas veces, y no lo he hecho. Es bueno ser sincero con uno mismo, porque luego es más fácil serlo con los demás. Si no aceptas, no logras cambiar lo malo que hay en ti. Y no es difícil saber que lo malo no es bueno.

No sé por qué te perdí, ni que hice. A veces me lo pregunto. A nadie he querido más. Algunas cosas no son justas, pero no tienen porque serlo, son así y punto. Con que no sean justas para mí no quiere decir que no sean justas para alguien. La partida hoy va muy avanzada y ninguno de los dos tiene los ases de cara para ganar. Me dices que vienes y quieres verme. ¿Qué quieres que diga, qué quieres qué haga? ¿Qué opción tengo, qué puedo esperar? La sencillez va en el alma, la opulencia mata. No te lo digo a ti, perdona, sino a alguien que me mira con gran altivez, de una forma muy distinta a la ingenua, y sincera con que me miraba antes, en los tiempos cuando la conocí, como tan segura que no hay nada después de ella. Ahora te pregunto: que consigo con volver a verte en compañía de alguien que no soy yo. De quien se quedó no sé si justamente con tus besos, pues no te los robó, de quien se acuesta con tus sueños cada noche y comparte tu ternura entre la alcoba. Es mejor seguir distante de quien un día se llevaron lejos de mi vida con mis sueños de adolescencia, que quemarme en las efímeras ambigüedades de un viejo amor. Sigues siendo un silogismo que no puedo descifrar.

Ahora aquí sentado, empezaré por tercera vez a leer el hombre mediocre, es un excelente libro, no como el título, pero a algunos les cansa, es un poco pesado a decir verdad, pero esa lectura no me aburre, busco más que el sentido literal de esas palabras, su esencia innata. Si logras ver más allá de las fronteras de lo visible, comprenderás muchas cosas intangibles. La lectura enseña más de lo que imaginé, te lleva a lugares donde jamás podrás ir, y te descubre secretos ocultos entre paradigmas. Te hace entender cosas que sabes, pero de otras formas. Te introduce en una esfera distinta a esa que estás acostumbrado a ver.

Decido verte a pesar que no debo verte. Siempre rompo muchas normas, sobre todo las convencionales. Estás hermosa como siempre. No te idealicé jamás, porque siempre te preferí con tus defectos. Coqueta e imponente como una diosa. Caminas sobre tarimas, es el desfile de tus sueños, de tu vida. Lo que siempre deseaste. Tus anhelos cumplidos. Pero no soy un mero espectador, soy tu invitado de gala. El que te deseó más que nadie. El que te esperó más que nunca. El corazón late a prisa, miramos el reloj y es la hora. Ya no hay vuelta de hoja, no hay marcha atrás.

Me llegan imágenes de otros tiempos y mi abuela reaparece buscándome como siempre por esas calles, porque es muy tarde y no le gusta que andemos a esas horas fuera de casa. La noche es mala y trae cosas malas repite. Mi hermano y yo sabemos que es cierto, pero siempre hacemos lo mismo, por eso nos busca enfadada y nos regaña, y también nos pega con varitas de tamarindo. Ella sin duda fue un ser especial. La extraño inmensamente. Lo que me enseñó, no lo aprendí con nadie. La valentía y tenacidad se fueron con ella. Me dejó mil dudas, y también los secretos de cómo resolverlas. Hay seres que se van para siempre, y otros que jamás nos dejan.

Me falta un año para tener tres veces la edad que tenía cuando te vi aquella lejana noche de ese diciembre mágico, y los recuerdos siguen intactos. Pero todo eso pasa si se siguen suspirando recuerdos de amor. Nunca crecemos, es cierto. El niño de mi alma está nervioso. Hoy nos vemos después de tantos años. Miles de kilómetros para esto…te miro y me miras, ya no somos como ayer, y aunque las miradas son las mismas, muchas cosas han cambiado entre los dos, sólo se parecen los recuerdos. Dónde están los niños inocentes que dejamos. Mirandote a los ojos tiernamente decido preguntarte… ¿Y ahora qué?

domingo, 24 de enero de 2010

Aquélla tarde fue distinta...

Para Adriana


Era hermosa como sus ojos, y jamás pensé que sus palabras me transportaran a lugares mágicos de los grandes maestros de la filosofía. Comenzó a hablar y a contar fragamentos de historias...y a leer retazos de escritos y sus labios me dijeron algunas cosas que ya sabía y otras que había ido olvidando en el camino con el tiempo y con los años; por ejemplo, sentado en esa banca bajo los rayos de un sol tenue, de los majestuosos arboles y mil moscas volando a nuestro alrededor, tratando de interrumpir sus frases que no se cortaban por cosas vanas, entré en su mundo poco a poco, atrapado por la mágia de sus palabras y de su líteratura y tantas cosas que hay en ella y que muchos desconocen...


Esa tarde comprendí que no se necesita la edad cronológica, ni tener más años a las espaldas, para perdernos en razonamientos lógicos bien interpretados, y en la madurez de quien sólo debería en realidad vivir la vida como se le antojase, y sin preocuparse de esas cosas que la mayoría de jovenes a su edad no hacen...entré en su mundo mirando sus lindos ojos marrones, y aprendí cosas que ella me enseñó sin darse cuenta mientras hablaba, mientras brotaban de sus labios palabras sueltas como quien da un discurso sin previo estudio, pero que conoce con seguridad los pormenores de lo que trata, sigilosamente habló de su poeta favorito, y leyó en forma prosaica otros tres escritos de su autoría que aumentaban en calidad a medida que se agotaban, todos fueron profundos y dejaron dudas divagando en mi interior, esas que los mortales normales necesitamos años para resolver completamente.


Incursionamos en la Grecia de Epicteto, un gran filosofo griego que pertenecio a la Escuela estoica y vivío parte de su vida en Roma, supe que fue un esclavo, y también que gozó de un buen reconocimiento en vida, charlamos sobre Socrates, uno de los más grandes de la filosofía mundial, también griego y precursor de Platón, me contó lo que él profesaba "de no perder nuestras palabras y tiempo con personas que frecuentan lugares de perdición, pues es más fácil que ellos nos corrompan a nosotros, que nosotros hacerles cambiar de opinión"; también habló de Marco Antonio, gran militar, y político Romano de la época de la República, que tenía un diario del cual se extrajeron gran cantidad de frases, las cuales fue escribiendo mientras se encontraba en las guerras, también me dijo que Marco Antonio hacía grandes reflexiones que lo llevaban a entender bajo silogísmos que no era dueño de nada..." entonces no entiendo por qué hay personas que se creen dueñas de tantas cosas siendo nosotros seres tan efímeros como decía otro de los escritos que también leímos"Seguimos hablando y hablando hasta que las horas nos marcaron el final, pues las horas pasan sin a penas darnos cuenta, y había compromisos que cumplir, que no podían seguir prorrogandose, entonces nos depedimos.


Al final sacando las conclusiones, creo que aquélla tarde fue distinta...la miré mientras se alejaba con sus pasos rápidos y firmes, con falda y camiseta azul, con su mochila cargada de libros y parte de sus pensamientos en la libreta, y con sus chapas de Star Wear colgando...antes de alejarse me hizo una pregunta que no supe responder...quizás ella misma encuentre algún día en su interior las respuestas que no alcancé a brindarle...son sus dudas, y desconozco ciertamente ese terreno del cual me habló...quise darle mi opinión particular, pero preferí callar a decir cosas que pudieran confundirla...el tiempo resuelve las dudas y de seguro lo hará...Aquélla tarde fue distinta... miré sus ojos marrones, y sin ganas de hacerlo nos dijimos adiós...

Sin La Luz De Sus Ojos...


Para Eduardo...


Muchas veces me pregunté como podía caminar sin tropezarse con las cosas que por su lado estaban, utilizaba las manos como si fuesen sus ojos, iba tocando suavemente con sus dedos las paredes, y así mientras palpaba las cosas, se orientaba en aquella casa que era su habitáculo. Creo que el tenía ochenta años cuando se quedó ciego, no recuerdo los años antes, ni como se fue produciendo esa oscuridad en su vida.


Él, de por si tenía un carácter fuerte, muchas veces agrio, pero quien lo conocía realmente sabría que era uno de los mejores seres, y con un corazón grande como los cielos. Aseguro que jamás lo vi derrumbarse ante ese hecho que le trataba de arrebatar parte de su arrogancia, y altivez, pues seguía siendo aquel hombre orgulloso y lleno de vitalidad como en sus mejores días, pero sin desprenderse de la nobleza que llevaba dentro.


No sé desde que edad conocí a Eduardo, creo que de siempre, pues siempre lo vi con nosotros hasta el día que murió en mis brazos y en los de mi hermano, pero eso fue muchos años después de aquella ceguera que le perturbara la vida. Mi abuela María, era una mujer tenaz, y un día cualquiera se propuso como siempre a buscar un médico que lo operara para evitar que siguiera divagando entre las sombras de sus tinieblas. Ella sabía que no contaba con recursos económicos, pero los obstaculos la incentivaban. Yo al verlo así, sentía mucho dolor, ya que pensaba que una persona de su carácter se hundiría cada vez más en ese abismo impredecible de quienes van perdiendo el horizonte.


Eduardo nunca se rindió ante esa adversidad, igual que jamás lo hizo ante todas aquellas que se le fueron presentandon a lo largo de sus días.A Eduardo lo operaron de la vista, volvió a ver mejor que la primera vez, divisaba a lo lejos al camión de coca cola, cuando se acercaba a la tienda, nosotros aún no lo habiamos visto y él nos decía "mirenlo, allí viene, es aquel que viene doblando la esquina", parecía insólito, pero así era. Su vista se recuperó cien por ciento, y volvió a tener la destreza que había tenido anteriormente.Trasportaba más de cincuenta cajas de refrescos al hombro de un lugar a otro y sabía cuantas botellas teníamos, y cuantas se habían llevado los clientes, todos esos datos los guardaba en la memoria.


Era fuerte como un roble, y siempre lo vi ayudando a mi abuela de forma desinteresada. El día que murió, se levantó con un fuerte dolor de estomago, yo estaba en la tienda que teníamos en la parte de atrás de la casa, y de pronto mi hermana menor me llamó bastante preocupada, me dijo que Eduardo estaba bastante mal, lo miré y la verdad fue que me preocupe mucho, pues jamás lo había visto como lo vi esa mañana, estaba palido como un papel, sin embargo seguía con sus bromas de siempre, pues al llegar mi novia le dijo algunas cosas graciosas que ya no recuerdo bien, pero todos nos reímos. Un amigo salió a buscar un taxi, al traerlo, mi hermano y yo con mucho cuidado subimos al taxi a Eduardo, que como nunca caminaba de forma muy lenta, y con un gesto de dolor en su rostro que reflejaba por lo que estaba pasando.Lo llevamos de inmediato a la clinica más cercana, eso me hizo recordar la vez que murió mi abuela, ya se calcaban los pasos, las situaciones y las clinicas donde los llevamos, un mal presentimiento me daba vueltas, y sólo habían pasado algunos años desde aquel día en que mi abuela nos dijo adiós para siempre, salió de casa en aquel taxi para ya jamás volver...Eduardo ahora se subía a otro, y quien sabría si iba a volver a casa.La vez que murió mi abuela, fue casi igual se levantó con un fuerte dolor abdominal, la llevé en taxi hasta la misma clinica, y de allí nos remitieron al hospital, en esa perdida de tiempo se le iba la vida misma, mi abuela sacó un fajo de billetes que guardaba cuidadosamente y me lo entregó, me dijo, "no se lo des a nadie, eso es para ustedes, para la comida y sus gastos", como si supiera que no nos volvería a ver, en ese momento la subieron al tercer piso del hospital en una camilla, y como yo llevaba muchas horas sin desayunar, me fui a casa rapidamente, pues me dijeron que la mirarían y como a las dos de la tarde la operarian, eso me daba tiempo para ir a casa a cambiarme y desayunar, así lo hice.


De regreso me encontré con que ya la estaban operando. Antes de irme si noté que en sus brazos y cuello tenía moretones, como si fueran manchas de sangre producidas por apretones, se lo mostré a los médicos, también vi que una de las agujas que tenía clavada en la mano, por donde le suministraban los medicamentos, estaba llenandose de sangre, lo mismo que el cable que llegaba hasta el frasco que colgaba, se lo quitaron y acomodaron, ya que le hacía mucho daño en la mano. La miré, y aún recuerdo esa mirada buena, amplia y noble, me sonrió, mientras se alejaba en aquella camilla, y me dijo "no te preocupes me irá bien".


Me veo en un bus llorando, voy sentado en el primero puesto detrás del conductor, pero nadie se percata que lo hago, a nadie le importa lo que le sucede a otros seres, van demasiado rápido y ocupados en sus cosas, para darse cuenta de un joven que ha perdido una parte de su vida. Mis lagrimas salian más puras que nunca, el dolor era tan intenso que no podía respirar...mi abuela había muerto. LLegué a la casa de mi papá, lo encontré por casualidad, como pocas veces...me dijo que lo esperara allá en la funeraria, después de consolarme un poco...salí como sin rumbo, no como la noche anterior, que llegué a casa como a las once de la noche después de visitar a una amiga, y mi abuela me había guardado detrás del televisor un vasito de leche y un bollo, estaba allí escondido, pues no teníamos nevera para guardadarlo. Ella me dijo ya acostada aquella noche, "te estaba esperando, pero como has llegado muy tarde, te he dejado algo detrás del televisor, lo dejé allí para que los demás (mis otros hermanos) no se lo coman". Ella lo hacía porque yo me alimentaba muy mal, y casi siempre pasaba en la calle. Mi abuela siempre fue muy especial conmigo, siempre la tengo y la tendré presente en mi vida y jamás, pero jamás la olvidaré...


Cuando llegué de casa al hospital, después de cambiarme, tuve que esperar varios minutos para saber como había salido de la operación, estaba a mi lado mi tío, un sobrino de mi abuela, y varios familiares más. Nosotros sólo viviamos con mi abuela y Eduardo, mi mamá en esa época casi siempre estuvo trabajando en Venezuela para poder educarnos, ya que en Colombia jamás consiguió un trabajo estable con el cual sacarnos adelante. Mi mamá se había marchado hacia quince días a Caracas, nuevamente para seguir trabajando, después de pasar unas vacaciones con nosotros en Cartagena. Ella viajaba constantemente, pasaba cortas temporadas entre ir y venir, como lo hacía mi abuela cuando era la que trabajaba en sus tiempos de bonanza.


Salió el Doctor al fin, su mirada triste lo decía todo, no me faltaron sus palabras para comprender que ya mi abuela no estaba con nosotros. Yo supe a que hora se fue de esta vida sin que él me lo dijera, ella murió a las dos y cinco de la tarde, yo lo sentí, había mirado el reloj de la sala de espera y lo supe, pero me quedé callado como quien no dice algo en voz alta, para evitar que se cumpla, pero creo que debí decirlo, como cuando tenemos sueños malos, pesadillas, que es mejor contarlas para evitar su realización, pero me quedé callado, y cuando el médico dijo las nefastas palabras "Son ustedes los familiares de la Sra: María??? uuuhhhmm, lo siento, hicimos todo lo que pudimos, pero ha fallecido", yo al escuchar esa palabras salí corriendo a una esquina, me escondí y comencé a llorar torrencialmente, no sé durante cuanto tiempo lo hice, pero cuando abrí los ojos, mi cuerpo se encontraba lleno de sangre, mis manos también, me asusté mucho, y me di cuenta que la sangre me salía por la naris...enseguida los médicos me atendieron, pero ya eso no me importaba, mi mente estaba en no sé que lugar del mundo.


El vacio que se siente en casa al perder a un ser querido es inexplicable, te sientes solo aún en compañía, y todo te sabe a poco, y más teniendo en cuenta que mi abuela era una mujer autoritaria y que se hacía sentir, con voz potestativa y llena de conocimientos y recursos, esos que se marcharon con ella para siempre. Mientras atendian a Eduardo en la clinica, llegaron las once de la mañana, y las doce, y la una, y así hasta las 4 de la tarde. Mi hermano y yo lo mirabamos en aquella cama enchufado a aparatos y hablaba con nosotros, en uno de esos momentos después de realizarle el cardiograma y otras pruebas más, nos dijo que tenía hambre, que sentía mucha fatiga, entonces mi hermano fue a comprar y le trajo un jugo de manzana, lo que es insólito, es que en la clinica pasaron por alto eso, y yo era muy joven para ser más exigente con el personal de allí, y exigirles la atención necesaria, ya que no le habían dado comida, y era normal que una persona sin desayunar, y enferma, ya a las cuatro de la tarde estuviera sin fuerza. Él se tomó el jugo como si jamás se hubiera tomado uno y ya casi a las cinco de la tarde lo dieron de alta. Llamamos otro taxi para ir a casa, por fin me dije en mi interior, menos mal que se ha recuperado mientras le daba gracias a Dios por haber salido bien de aquella situación.


Al llegar el taxi, abrieron las puertas de urgencias de la clinica para que éste se ecercara y Eduardo pudiera subir sin caminar mucho, en ese momento mi hermano y yo, lo ayudamos a levantarse de la cama y nos pusimos uno de cada lado ayudandolo, con sus brazos sobre nuestros hombros y las manos por su cintura. Cuando él se levantó, se puso sus chanclas verdes y caminamos como siete pasos, atravesamos la primera puerta y giramos a la derecha, de pronto Eduardo se empinó, se levantó sobre la punta de sus pies, y soltó un suspiro que jamás he podido olvidar, enseguida calló todo su peso sobre nosotros y su cabeza quedó mirando hacia abajo. Era impresionante lo que pesaba entonces...Eduardo se había marchado y nos había dejado de un plumazo, se había también marchado para siempre, quizás desaba ya desde hace mucho encontrarse con mi abuela, y aprovechó aquella oportunidad para hacerlo...no se despidió, pero mi hermano y yo sentimos como su alma se elevó hacia los cielos, mientras dejaba entre nosotros su cuerpo viejo y agotado por los años y sufrimiento...mientras nos dejaba nuevamente sólos, sin norte y sin sur, ese sur que quizás hubiera sido mejor que su eterna ausencia...


Recuerdo que cuando eramos pequeños y viviamos en Barranquilla, Eduardo nos cuidaba, nos preparaba el café, nos bañaba y vestía...el era en verdad un hombre bueno. Le gustaba prepararnos bastante café con leché para el desayuno, y nos sentaba en una mesita pequeña que mi mamá nos compró, era para niños pequeños entre cuatro y cinco años, esos que creo que teníamos. Era un hombre correcto, típico de pueblo, con sus costumbres provincianas. Cuando discutía con mi abuela que era casi siempre, entonces cogía toda su ropa que tenía metida en un costal (saco), y se lo ponía al hombre, dieciendo que se iba de la casa y ya jamás volvería, que no lo buscaran, que se iba a perder por el mundo para que nadie supiera de él, sobre todo mi abuela, que era la que le cuestionaba todo lo que el decía, o pensaba...Se marchaba, mientras nosotros lo mirabamos por la ventana y le rogabamos para que no lo hiciera, pero él sin hacernos caso se subía su costal en el hombro y se marchaba, dejandonos con los ojos llenos de lagrimas.


Con el tiempo comprendimos que ellos, mi abuela María y Eduardo (su hermano) no podían vivir el uno sin el otro, eran unos hermanos inseparables y jamás permitían que se hablara en su presencia mal del otro. Eduardo era como el guarda espaldas de mi abuela, la acompañaba en todo. Él con su cabello blanco, y su rostro marcado por los años nos enseñó a no rendirnos por nada, a ser fuertes y con caracter decidido...él con sus dos formas de ser, la de niño y la de adulto, nos enseñó a ser felices aún después de las adversidades...


Eduardo murió aquel cinco de noviembre, de la misma forma en que lo hizo mi abuela el veintidos de julio...sin decir nada, sin quejarse, sin hacernos pasar malos ratos, ni meses en hospitales, ni sufriendo en casa...ambos salieron de casa para no volver. Eduardo nos dejó el alma destrozada con su partida, y era lo único que ya nos quedaba de nuestra infancia, nos sentiamos protegidos con él, por su autoridad, y con su presencia en aquella casa que ahora se nos quedaba grande, tan grande como el silencio que nos dejó, con el se fueron las noches de cuentos y carcajadas, con el se fue una parte de nosotros...Eduardo se fue aquel día, sin saber que nos dejaba "sin la luz de sus ojos".

Eso Me Duele...Me duele Más De La Cuenta...


Hoy llegó un amor a mi, pero ese amor no es el tuyo, es otro amor distinto, pensé que al llegar volvería a sentir en mis labios la frescura de unos besos como los tuyos, pero esos no son tus besos, ni tus labios, tampoco sus ojos son los tuyos, ni los mismos que me miraron ayer alejarme, esperando regresar a ese lugar donde nunca regresé…eso si, ella se parece a ti, más que otros amores que llegaron también a mi vida en tu ausencia, pero no eres tu, y eso me duele…me duele más de la cuenta, y me trae tu aroma de otros tiempos, y melancolía y un silencio largo que pregunta por lo que queríamos que fuera nuestra historia.

Este amor es un amor alegre, y joven como eras tu, es un amor fresco igual que el tus cabelleras, y me hace sentir bien, sus caricias me hacen olvidar que un día te tuve, y fuimos también felices, me hace sentir bien, como me sentía contigo, pero ella no eres tu, y eso me duele…me duele más de lo que jamás pensarías...me duele más de la cuenta...


Ella sabe de ti, un día le hablé y le conté como fue lo nuestro, pero eso fue antes que ella fuera lo que hoy es para mi, y ya jamás hemos vuelto a hablar de ti, pero ella sabe que muchas veces al mirarla no pienso en ella sino en ti, pero no me dice nada, se queda callada como te quedabas tu cuando te enfadabas conmigo. Muchas veces se marcha en silencio sin decir palabras, y entonces yo también me pierdo en ese silencio que me quedó cuando te dejé de ver, y eso me duele…me duele más de la cuenta.


Camino sobre hojas secas y las piso, escucho su sonido crujiente cuando se deshacen al pisarlas. Empieza a llover, y esas gotas son muy frías, me escondo en un rincón, el mismo en el que una vez nos escondimos justo antes de terminar, cuando ya las horas llevaban sentido regresivo y nuestro amor se desvanecía sin poder parar. Debajo de aquel árbol, juro que sentí tu voz y te busqué, pero como siempre me pasa, no te encontré.


Dejaron de caer las gotas de lluvia y salí caminando a paso lento, llegué al lugar donde te conocí, y vi tu silueta, me alegré, estabas de espalda, y sentí tanta alegría por volver a verte, me acerqué y te giraste asustada, ¡¡¡que sorpresa me lleve!!!, no eras tu, era ella, si ella, mi nuevo amor, el que se parece a ti, el que me hace recordarte, y recordar tus cosas, y tus risas…al verla miré dos lagrimas rodar por sus mejillas, y no tuve el valor de secarlas…si te digo la verdad…eso me duele...me duele más de la cuenta…

sábado, 23 de agosto de 2008

Sería Bueno...

Cierro los ojos, y aún así me reconozco por esas calles desnudas que antes fueron mías...pero sé que al buscarme nuevamente
ya no estaré...

Sería bueno revisar las actividades cotidianas que llevamos a cabo...eso que estamos viviendo día a día y ver si es lo que en realidad queremos, para no acomodarnos a las circunstancias, porque sería interesante volver a conectar con el silencio, con el valor de las cosas pequeñas que se han ido quedando rezagadas y ya no nos acompañan...sería grandioso intentar recorrer las calles de la infancia y volver a sentirnos niños nuevamente y pasearnos por los recuerdos, la nostalgia y por las emociones que estos arrastran.

Sería bueno de nuevo pararse a respirar, porque cuando se para y se respira bien, uno se siente más vivo, y al mirar al rededor podemos detallar mejor la vida y observar con ojos nuevos la realidad, descubrir que puedes despertar una sensación distinta en ti, que dormita dentro aburrida de no tener un claro que hacer en nuestro día a día.




Que tal te ha parecido este escrito

Buscar este blog